Hola y bienvenido a nuestro primer post dentro de la sección Análisis de Películas.
Hoy tenemos el gusto de comentar una película muy reciente llamada “Sully,
Hazaña en el
Hudson”, la cual
se estrenó el 2 de septiembre de 2016. Dirigida por Clint Eastwood, con un presupuesto de 60
millones, consiguió triplicar sus ganancias sin ningún problema gracias a su envolvente trama y una
magnífica interpretación de Tom Hanks.
La película comienza con
una impactante escena muy detallada de un avión estrellándose contra un
edificio. Afortunadamente para
nosotros y todos los espectadores, tan solo se trataba de un sueño que
reflejaba las preocupaciones del
protagonista.
Posteriormente se nos
presenta a Chesley Sullenberger (Sully), un piloto de las líneas aéreas
estadunidenses que, milagrosamente,
salvó a un avión con todos los pasajeros tras a aterrizar en el río Hudson
totalmente ileso. La magnífica hazaña hizo
de este piloto un referente/héroe para muchos.
Aunque no se nos mostrase directamente, Sully
parecía incomodo con la idea de haber sido partícipe en todas las noticias de
su país y su humildad, le
impedía llamarse a él mismo “héroe”. Consideraba, que había puesto en peligro muchísimas vidas al no
seguir las instrucciones de los controladores aéreos, los cuales le aconsejaban
aterrizar en la pista.
Sin ningún cálculo y seguido por sus sentidos y experiencia, Sully desobedeció las ordenes sin
pensárselo dos veces.
Esta hazaña no gustó demasiado a sus superiores, los cuales mantenían la
firme idea de que podía haber salvado el avión, el cual acabó hundiéndose tras el accidente.
Sully y su compañero de vuelo, se vieron envueltos en numerosas pruebas y
simuladores para poder asegurar y certificar
que tomaron la decisión adecuada a pesar de los riesgos que conllevaba
aterrizar en el río.
El desenlace final se
desarrolló en los últimos cinco minutos, en los cuales Sully consiguió probar
el fatal destino que él, el avión y los
pasajeros hubieran tenido en caso de intentar aterrizar en la pista aérea.